Destitución, no revocación



El ridículo escándalo que ha generado públicamente el asunto de la posible “revocación de mandato” respecto del presidente López Obrador es una vergüenza ante las naciones, que es resultado del acceso de semejante señor, de tan indeseables características, al gobierno de México, pues ese pobre hombre es un enfermo mental cuya anomalía se puede definir como lo dice Enrique Guarner en su obra: Psicología clínica, bajo el título de DELIRIOS DE GRANDEZA:

“Estas ideas surgen casi siempre de sentimientos de inferioridad, inseguridad o culpa. El individuo reacciona yéndose al extremo opuesto, creyéndose el salvador del mundo, rey, ministro, etcétera. Todos los paranoicos son extremadamente narcisistas y se muestran orgullosos de su sutileza y astucia. Casi siempre existe una sobrestimación de sí mismos a la que se denomina MEGALOMANÍA”.

El Dr. Ramón de la Fuente Muñiz dice: “La paranoia verdadera es una perturbación caracterizada por ideas delirantes de persecución bien organizadas y que son actuadas por el sujeto, cuyo sentido se conserva claro en todo momento…”

Si tuviéramos diputados y senadores idóneos, López Obrador nunca habría accedido a cargo alguno por su condición de enfermo y sus ideologías izquierdistas y su docilidad ante las tácticas de dominio de Estados Unidos (al estilo de Juárez), incluyendo su afición al protestantismo y a la masonería, todo ello dentro del marco de su engrandecimiento personal, como constructor de grandes obras y “transformador”, para pasar a la historia como un gran hombre.

La avalancha de propaganda de la “revocación de mandato”, propuesta por la supuesta víctima, es plan con maña populista para quedarse en el poder en el siguiente régimen que se aproxima, con todo y su “Morena”. ¡Dios no lo permita! Es necesaria la DESTITUCIÓN deshonrosa, por el Congreso.



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